Doctorado… llega su fin!

La semana pasada pasé los últimos test a la última familia que forma parte de este estudio. No sabría explicaros cómo me sentí porque ha coincidido con un mes especialmente intenso en mi vida, con muchos cambios, muchas emociones a gestionar a nivel personal. Pero no es algo que no merezca celebrar… parecía que nunca llegaría por las complicaciones logísticas de estos últimos meses en la UCIN debido al brote de Serratia, que hizo que tooooodo fuera más lento, más complicado. Pero -como decía mi abuela- todo llega y pasa.

Hoy retomo mi horario de trabajo frente al Mac (¡que por cierto no os he contado que me vine arriba y me autorregalé un nuevo ordenador!), horas de revisión, de leer lo que he puesto y darme cuenta del trabajazo que hay ahí…pero del que aún me queda por hacer.

También comienza mi andadura con el SPSS, meter datos y más datos, ver los resultados, analizarlos… y comenzar con las Conclusiones. Y os aseguro, que me da vértigo. Ese vértigo que me ha tenido unas semanas parada frente a la hoja en blanco. Pero ¿sabéis qué?… también me toca disfrutar. Del trabajo hecho, del esfuerzo titánico que ha supuesto con mi ‘giro de vida’, de las muchas horas en sesiones de intervención que he realizado, de las horas de observación directa en el grupo control, de las lágrimas de emoción que hemos derramado, de las grandes sonrisas que nos han sacado esos ‘pequeñajos’ y de las muchas familias que he conocido.

GRACIAS, porque sin que me dejárais compartir vuestras vidas nada de esto hubiera sido posible.

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Así que café en mano, sigamos tecleando y soñando!

 

 

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Detalles que te llegan al corazón…

El viernes por la mañana salía de la UCIN cuando escuché un “Carlaaa”, y al girarme me encontré con la mamá de M, una bebé prematura que ha participado en el grupo control de mi investigación.

Una gran sonrisa en su cara, y en la mía. Ver a M en sus brazos -después de tanto vivido desde que llegó al mundo tan pequeña y tan temprano- me emocionó. Pero… ¡qué preciosa está! Su madre, brilla al hablar de ella. No es para menos.

Estuvimos hablado un rato, y de repente me dijo “Espera”, y se drigió a su madre. Sacó un detalle precioso y me dijo “Gracias por todo. Has sido tan importante para nosotros”. Y me emocioné. Mucho.

Estaba a nuestro lado una de las pediatras, que había salido también de la Unidad, y añadió: “es que lo que hace Carla con la musicoterapia es importantísimo“. Y yo allí, con la piel de gallina, no puder dejar de sonrojarme y de emocionarme. Darle un abrazo a la mamá, y de decirle -de corazón- que aquí estoy. Siempre.

Que a veces parezco “liada” (y lo estoy) pero que siempre sacaré tiempo cuando me necesiten.

Una familia te regala un detalle tan liiindo para que “nunca te olvides de su bebé”… y lo que no saben es que los llevaré siempre conmigo 

 

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