La necesidad de definir

La primera entrada de este blog la denominé   ¿Musicotera… qué?  y fue así por la necesidad de definir lo que es y no es esta disciplina. 

Cada vez que alguien me pregunta  ¿Pero entonces qué es la musicoterapia? me pongo a temblar.  ¡¡Otra vez!!  Pero es normal que debamos explicar una y otra vez, adecuando nuestras palabras, nuestra definición al oyente que en ese momento tengamos delante.

Dice Bruscia (1998):

Un terapeuta es una persona que:

1. Ayuda a un cliente
2. Bajo un régimen contractual
3. Con una necesidad relacionada con la salud
4. Dentro de un contexto de una relación profesional
5. Que está basada en conocimientos y habilidades del terapeuta
6. Y gobernada por ciertas reglas éticas de conducta.

 

Está claro que los servicios que se puedan ofrecer por parte de un musicoterapeuta estarán definidos y delimitados por los aspectos de la salud que el cliente-paciente muestre que puedan ser intervenidos a través de la música. Pero sobre todo hay que saber que para que se lleve a cabo una intervención musicoterapéutica, tiene que intervenir un musicoterapeuta formado, cualificado y acreditado.

Hago hincapié en este aspecto puesto que sigo encontrándome con personas que a pesar de haber cursado estudios musicales no tenían ningún tipo de acreditación musicoterapéutica y sin embargo se jactaban de estar llevando a cabo trabajos de musicoterapia con diferentes colectivos (sobre todo tercera edad) «poniendo músicas y alguna actividad»

Está claro que la música puede ser utilizada por todos, en cada uno de los momentos de la vida cotidiana que se nos presentan. La música ha sido, es y será universal. Por y para todos.

Pero no debemos confundir el uso particular que hacemos de la música con el uso sistemático, interdisciplinario y terapéutico que podamos llegar a hacer con ella.

Lanzo unas preguntas para la reflexión:

¿Se define la musicoterapia por el tipo de educación-entrenamiento que recibe un terapeuta o por el tipo de servicio que se presta?

¿Si un profesor de música emplea ciertos métodos de musicoterapia en sus clases, se le debe de llamar musicoterapia?

 

 

El musicoterapeuta se ha formado, ha estudiado, ha observado, ha practicado. Forma parte de un equipo interdisciplinario  (psiquiatras, médicos, enfermeras…)  y si hablamos de un ambiente pedagógico (fisioterapeutas, psicólogos, logopedas, psicopedagogos)  con los que trabaja conjuntamente en la elaboración del tratamiento para el paciente. 

El musicoterapeuta estudia el caso individual o colectivo, plantea un proyecto de intervención (hipótesis de trabajo) con unos objetivos generales, específicos, terminales; a los que le acompaña una metodología específica, unas actividades programadas, secuenciadas y organizadas para el logro de los objetivos, para el logro de una buena práctica terapéuica, para el avance personal de la persona dentro de la terapia. Por y para la persona-paciente.

Si un musicoterapeuta no utilizaría los procedimientos terapéuticos de otras disciplinas si no tiene conocimiento o entrenamiento para ello ¿Por qué hay personas que se lanzan a decir que utilizan técnicas y métodos sacados supuestamente de esta disciplina de manera tan liviana?

 

El musicotepeuta no es cualquier persona que crea que él también puede “poner una musiquita y que le expliquen qué sienten con ella”. El musicoterapeuta tiene un objetivo marcado y un guión por el qué quiere ir indagando las sensaciones, las percepciones… porque cuando se trata de personas,  hay que tener mucho cuidado con lo que se hace y se dice, pues se puede llegar a no controlar una situación determinada y povocar momentos que no se sepan controlar.

No, la música no hace daño. Las personas que no saben hacer una labor terapéutica y realizan un intrusismo, sí.

Y hacen daño, además, a la propia profesión. A los diversos musicoterapeutas que se siguen formando y perfeccionando día a día.   

¿Musicotera…qué?

¿Qué es la Musicoterapia?

Muchas son las Asociaciones importantes y autores consagrados los que han definido a lo largo de los años el significado, más o menos personal, de la práctica de musicoterapia. Aquí tenemos algunos ejemplos:

La Federación Mundial de Musicoterapia dispone:

La musicoterapia es la utilización de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía y armonía) por un musicoterapeuta cualificado, con un paciente o grupo, en el proceso diseñado para facilitar y promover comunicación, relación, aprendizaje, movilización, expresión, organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de lograr cambios y satisfacer necesidades físicas, emocinoales, mentales, sociales y cognitivas.

 

La Aso. Americana (AMTA) dice:

Es el uso de la música en la consecución de objetivos terapéuticos: la restauración, mantenimiento y acrecentamiento de la salud tanto física como mental. Es la aplicación sistemática de la musica, dirigida por el musicoterapeuta en un ámbito terapéutico para provocar cambios en el comportamiento

 

La As. Catalana de Musicoterapia (ACMT):

Es la científica aplicación del arte de la música y danza con finalidad terapéutica y preventiva, para ayudar a acrecentar y restablecer la salud mental y física del ser humano, mediante la acción del profesional musicoterapeuta.

 

Tayer Gaston la definiría así en 1950:

Música es la ciencia o el arte de reunior o ejecutar combinaciones inteligibles de tonos en forma organizada y estructurada con una gama de infinita variedad de expresión, dependiendo de la relación de sus diversos factores componentes (ritmo, melodía, volumen y cualidad tonal. Terapia tiene que ver en «cómo» puede ser utilizada la música para promover cambios en las personas que la escuchan o ejecutan.

 

Según Gabriel Federico:

Es la terapia a través de la música que utiliza la aplicación de sonidos y músicas, incluyendo silencios y ruidos, combinándolos con intervenciones terapéuticas y reeducativas mediante técnicas musicales, corporales y específicamente sonoras, para lograr diferentes opciones alternativas en las vías de comunicación y expresión de las personas.

 

Yo, tras varios años de estudio y práctica he llegado a mi propioa concepción de la misma. La Musicoterapia es el uso sistematizado de la música (y cada uno de los elementos que la componen) como medio terapéutico a la hora de intervenir en el proceso de tratamiento de una persona, realizada por un musicoterapeuta cualificado, que tiene como finalidad una mejora de la calidad de vida, tanto emocional, cognitiva, social como física.

 

 

Y el musicoterapeuta

¿Qué papel tiene dentro de este proceso?

Está claro que la música puede ser utilizada por todos, en cada uno de los momentos de la vida cotidiana que se nos presentan. La música ha sido, es y será universal. Por y para todos.

Pero no debemos confundir el uso particular que hacemos de la música con el uso sistemático, interdisciplinario y terapéutico que podamos llegar a hacer con ella. El musicoterapeuta s eha formado, ha estudiado, ha observado, ha practicado. Forma parte de un equipo interdisciplinario (psiquiatras, médicos, enfermeras…) y si hablamos de un ambiente pedagógico (fisioterapeutas, psicólogos, logopedas, psicopedagogos) con los que trabaja conjuntamente en la elaboración del tratamiento para el paciente. 

El musicoterapeuta estudia el caso individual o colectivo, plantea un proyecto de intervención (hipótesis de trabajo) con unos objetivos generales, específicos y terminales; a los que le acompaña una metodología específica, unas actividades programadas, secuenciadas y organizadas para el logro de los mismos, para el logro de una buena práctica terapéutica, para el avance personal de la persona dentro de la terapia. Por y para la persona-paciente.

 

El musicoterapeuta no es cualquier persona que crea que él también puede «poner una musiquita y que le expliquen qué siente con ella». El musicoterapeuta tiene un objetivo marcado y un guión por el que quiere ir indagando las sensaciones, percepciones… porque cuando se trata de personas, hay que tener mucho cuidado con lo que se hace y se dice, pues puede llegar a no controlar una situación determinada y provocar momentos que no se sepan controlar.

No, la música no hace daño. Las personas que no saben hacer una labor terapéutica y realizan un intrusismo, sí.