La Suite de Carla Navarro: la vida te lleva allí donde tienes que estar.

Tras un pequeño parón vacacional en el que he podido recuperar fuerzas para esta nueva etapa que nos toca vivir, he vuelto a Zaragoza para reencontrarme con mi equipo de la UCPPA y con las familias de los niños y niñas en cuidados paliativos pediátricos.

Analizar la situación sociosanitaria que atravesamos en nuestra comunidad autónoma y tomar decisiones respecto a las intervenciones que vamos a realizar, reorganización de sesiones, horarios, llamadas… y comenzar de nuevo (el beging again que siempre anoto en mi nueva agenda cada año).

Inevitablemente ha venido a mi cabeza un escrito que tengo desde hace algunos años, y hoy con esta vuelta a mi vida quiero compartir en el blog, ya que muchas veces me preguntan por los cuidados paliativos pediátricos y cómo llegué a ellos. Esta Suite habla de los últimos cuatro años. Mi etapa anterior, en Madrid, da para algunas Sonatas más.

Carla Navarro en la UCPPA

Preludio
Hace cuatro años, en septiembre de 2016, mi vida dio un giro inesperado y todo cambió. Me encontré viviendo de nuevo en la que había sido mi ciudad de nacimiento, con un bebé de un mes y medio y teniendo de recomenzar de nuevo con todo. Todas las mañanas salía a pasear por las calles de Zaragoza, observaba a las personas que iban por la calle, escribía en mi cuaderno de grandes ideas, y soñaba despierta con el nuevo camino que había tomado. Y es que los momentos en los que parece que todo se tambalea bajo tus pies y el miedo te paraliza, surge del interior una fortaleza y coraje que no sabías que tenías

Allemande
En octubre de ese mismo año, acudí a una jornada sobre Cuidados Paliativos donde intervenía el Dr. Ricardo Martino Alba (Jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Niño Jesús de Madrid), con quien yo había estado trabajando en su Unidad 6 años. En la última fila, de pie, mientras acunaba a mi bebé… me volví a emocionar con sus palabras. Con la pasión compartida por los cuidados paliativos pediátricos (CPP). Al terminar, recuerdo que me acerqué y le dije “gracias por existir Ricardo”. Y él, me miró y me dijo: “hay mucho que hacer Carla, los niños aragoneses no saben la suerte que tienen de que tú estés aquí. Podrán morir con música.

Courante
Y así fue como me encontré de nuevo soñando: formar parte de la nueva Unidad de CPP de Aragón. Donde poder aportar todo lo que había aprendido en esos seis años de especialización. Donde poderme dar de nuevo. Dar lo que yo era, lo que soy. Porque uno no muestra lo que sabe, muestra lo que es. Una Unidad donde poder acompañar a los niños en cuidados paliativos y sus familias a través de la musicoterapia. Estuve durante casi un año trabajando sobre el proyecto, en contacto con la Fundación Porque Viven (en la que trabajo) y con el Salud (encargados de la organización y gestión de la Unidad).

Sarabande
Y de repente, allí estábamos de nuevo mis instrumentos y yo preparados para comenzar a sonar con los niños y sus familias. Volver a crear canciones partiendo de la frecuencia cardíaca, acompañando la respiración de los niños, improvisando musicalmente mientras los padres tocaban junto a sus hijos. Volviendo a estar en silencio para que los niños –verdaderos protagonistas de las sesiones de musicoterapia– pudieran sonar. Pero también abrir bien los ojos, hacer una pequeña mueca, sonreír, o emitir un pequeño sonido.

Menuetto I
Reuniones de equipo en las que volcar toda la información musical y no musical que iba obteniendo de las sesiones, para sumar. Para crecer.
Sesiones en domicilios, en la consulta o en las habitaciones del hospital donde estaban ingresados los niños de una Unidad que iba cada vez creciendo y creciendo más. 2 pediatras, 2 enfermeras, 1 psicóloga y yo, trabajando mano a mano para ofrecer el mejor acompañamiento que requieren los niños y las familias que forman parte de nuestra Unidad.

Menuetto II
También hemos llorado. Cuando los niños han fallecido.
Hemos llorado de amor. Del amor que hemos dado, pero sobre todo del amor y la confianza que ellos y sus familias han depositado en nosotras. Y volveremos a llorar. Todas y cada una de las veces que uno de nuestros niños fallece. Porque hemos vivido momentos llenos de vida. De esa vida que nos cambian constantemente. Porque si algo nos enseñan es que la vida es este justo momento. En el que lees estas líneas y crees que los “paliativos” son sinónimo de muerte. Si nos conocieras, sabrías que son pura vida. Son pura música. Porque no siempre se puede curar, pero siempre podemos cuidar.

Gigue
El final de esta Suite no está escrito.
Mañana volveremos a la Unidad. A coger la maleta de instrumentos, la guitarra en el hombro y los sueños en el bolsillo. Una vez creímos que en Aragón habría una Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos. Y aquí está. Soñamos que la musicoterapia podría seguir acompañando la vida de los niños y sus familias. Y aquí estamos.

Seguiremos sonando. Seguiremos soñando
¿Nos acompañas?


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