Hechas de otra pasta…

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En muchas ocasiones escucho como nos dicen que las personas que nos dedicamos a los cuidados paliativos pediátricos estamos hechas de otra pasta, y la verdad es que hasta hace poco no me había sentido así. Más bien -y lo digo sinceramente- me he considerado una auténtica privilegiada al poder acompañar a los niños y a sus familias, abriéndome las puertas de sus casas. De sus vidas. Me lo habréis oído decir más de una vez, pero es la verdad.

Durante estos nueve años de especialización en CPP he vivido momentos preciosos -y duros- que me han enseñado -a veces de manera abrumadora- lo que significa amar. Amar desde lo más profundo. Amar con una mirada que lo dice todo; o con un silencio que no puede romperse con sonido porque no hay palabras que consuelen un amor que se va…

Cuando escuchaba ese estáis hechas de otra pasta, me sentía rara. Porque no creo que seamos especiales. Sí valientes, por no girarnos ante el sufrimiento. Ni ante la muerte. Pero no con el significado que todo el mundo da a esa palabra. Sino por el convencimiento de lo que significa para nosotras estar.

Están hechas de otra pasta es lo que yo misma pienso de mis compañeras de equipo cuando las miro desde fuera (que son muchas más veces al día de lo que ellas mismas saben). Las miro entrar en un box de una UCI pediátrica, y las observo mientras con amor explican sin miedo -y con sencillez, con lo difícil que es- la situación que tiene un niño. Las miro, sin que se den cuenta, porque aprendo de ellas en cada instante. Y me miro a mí -también- desde fuera. Para aprender. Para mejorar. Para crecer. Porque esta pasta cambia, se modela y mejora.

Hay días que vuelvo a casa sabiéndome una afortunada. Y sintiendo que esa pasta existe. Que es real… y que quizás sí estemos hechas con ella. También es entonces cuando decido no salir esa tarde. Sino que me pongo ropa cómoda, preparo un café largo, y disfruto de los pequeños momentos con mi pequeño milagro de tres años y medio. Y le repito, más de una vez, la suerte que tenemos. Y cómo, nos debemos ayudar los unos a los otros. No te olvides nunca, cariño.

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