De cómo nos emocionamos con una mirada…

Gracias a la vida... (1)

Tres sonrisas captadas en un instante.
Vida. En el inicio. Y en el final. 
Sin girar la mirada cuando más hace falta.
Acompañando.
Riendo.
Y también llorando.

Cuando preguntan sobre los cuidados paliativos pediátricos, se enciende la mirada, se respira hondo porque se sabe que es una nueva oportunidad para poder difundirlos e intentar que la persona que tienes delante no comience pensando en el final, sino justamente por el principio: cuidar la vida.

Es algo que sorprende. Porque si bien es cierto que llegará un momento en el que ya no se pueda curar, siempre se puede cuidar. Es entonces cuando, en uno de los momentos más duros por los que puede vivir una familia, aparece un equipo de mujeres -en el caso de Aragón- que desde un enfoque interdisciplinario darán lo mejor de sí en cada instante. Eso conlleva en muchos casos, equivocarse. Y con ello, crecer.

A lo largo de estos ocho años como musicoterapeuta pediátrica en cuidados paliativos me he cruzado con muchas miradas. Algunas no las olvidaré nunca. Miradas que te tocan el alma. Miradas llenas de amor de un padre a un hijo. Miradas bajas mientras unas lágrimas recorren silenciosamente las mejillas de una madre cuando comienzan a sonar los primeros acordes de la guitarra. Miradas que eran capaces de llenar una habitación entera de vida. Una mirada cruzada con una madre donde sobran las palabras. Miradas que se apagaban

En este tiempo en Zaragoza, he aprendido a leer -sin palabras- las miradas de esas dos sonrisas que comparten conmigo el camión de bomberos de la nueva sala de espera del hospital materno-infantil, como las del resto del equipo.

A veces sonrío yo, porque sé de la fortuna que es tenerlas en mi vida. Otras solo me veréis observándolas sin que se den cuenta, cuando están tomando decisiones, valorando una intervención u otra, realizando un cambio de cánula, o haciendo miles de llamadas para conseguir que un material esté disponible para una familia. Es entonces cuando me doy cuenta de todo lo que durante estos dos años he aprendido de ellas, levanto la mirada, y me emociono -por dentro-.

 

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