Cuando la música se convierte en ruido.

Los que me conocen -de verdad- saben lo que me apasiona mi trabajo: la musicoterapia. Saben del rigor y la seriedad con la que lo llevo a cabo. Y también que estoy realizando un doctorado sobre Musicoterapia en la UCI Neonatal, y que me especializo desde hace años  en el inicio y final de la vida.

Ayer escribía en mi Facebook desde el asombro y la indignación. Debe de ser que es una mala combinación para las redes sociales y que si no se explican bien las cosas, no se entienden. Así que hoy me dispongo a escribir en la ventana al mundo -desde que estudiaba musicoterapia- que es mi blog. Creo que lo llamaré “Cuando la música se convierte en ruido…”, y este título viene dado de lo que hace años está ocurriendo en nuestro país: la música todo lo puede. Yo no soy de esa opinión. De hecho lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la música no cura, pero cuida. Y dentro de esos cuidados está especialmente el que vamos a abordar hoy.

Una cosa que quiero que quede patente es que no es un escrito “en contra de nadie”, porque creo que cada uno hace las cosas con buena fe cuando se trata de ayudar. Pero es cierto que el desconocimiento a veces es osado, y no exime de la responsabilidad que tienes con los demás. Más bien quiero centrarme en los aspectos puramente del cuidado que hay que tener desde mi experiencia y conocimiento como musicoterapeuta y doctoranda con el uso de la música. Porque más que belleza se puede convertir en ruido molesto para el que tenemos delante. 

Los altos niveles sonoros son nocivos para la salud. Y sobre esto hay mucha literatura. Pero, ¿realmente tenemos conciencia de los decibelios y hercios que son perjudiciales para un bebé de 34 semanas de gestación que está tumbado en una cuna térmica en una Unidad de Cuidados Neonatales? Cuando nos dedicamos a utilizar la música -ya sea en vivo o grabada- en este tipo de espacios hospitalarios deberíamos, por lo menos conocerlo. Por otro lado, ¿cuál es el tempo idóneo en el que debo hacer música? ¿Qué tipo de armonía contiene esa pieza musical que se interpreta? ¿Y la vibración que se transmite por el suelo y llega a través de las patas de la cuna y/o incubadora al bebé? ¿Sabemos cuántos hercios emite nuestro instrumento?

Y yo me pregunto, ¿se os habría ocurrido pensar alguna vez que la música pueda causar consecuencias negativas? Creo que no, porque a nadie piensa en esa idea teniendo en cuenta lo que significa la música para nosotros.

Pero os pongo el siguiente ejemplo:

Bebé de 33 semanas en una cuna térmica dentro de un box de la Unidad Neonatal que ha nacido con 750gr cuando tenía 26 semanas de gestación. Ha sido operado ductus derterioso persistente y de retinopatía. Ha tenido una evolución poco estable y ha estado con ventilación mecánica a través de tubo endotraqueal durante bastante tiempo hasta que han podido pasar  a CPAP y, tras varias complicaciones, hace dos días que ha dejado atrás la UCIN. Ahora que tan sólo lleva gafitas y sonda nasogástrica está estable en una cuna térmica; Lo “peor” lo ha dejado atrás.

Bebé, que todavía no debería estar aquí, sino que le deberían quedar 7 semanas más en el útero materno, recibe un concierto de música en la unidad en la que descansa después de haber pasado 7 semanas luchando por sobrevivir.

 

Y vuelvo a hacerme varias preguntas:

  • ¿Nos planteamos cómo recibe la música su cuerpo teniendo en cuenta que es mucho más que las orejas?

  • ¿Nos planteamos el impacto que tiene a nivel neurológico en ese bebé?

  • ¿Nos planteamos cómo reaccionará su cerebro ante la estimulación multisensorial que se le va a proporcionar?

  • ¿Nos planteamos las consecuencias que ello puede producirle?

Y hablo de este ejemplo, pero podría ser otra Unidad, con personas de otras edades, con otras enfermedades… Y las preguntas serían las mismas.

Así que la cuestión con la que me quedo es que quizás tengamos que tener más conciencia y cuidado con los sitios donde la música suena.
Un concierto en un sitio desacertado
es ruido.
MM
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2 pensamientos en “Cuando la música se convierte en ruido.

  1. Tienes mucha razón. A veces con el afán de ayudar, olvidamos que en ocasiones el no hacer nada es la mejor ayuda. Hay que pensar siempre en el receptor.

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