Y seguir soñando [trabajando]

Alguna vez he comentado por aquí que hay momentos en los que a una le flaquean las piernas, por qué no admitirlo. No somos de hierro. Ni siquiera somos tan “fuertes” como en algunas ocasiones nos creemos. Pero en cambio es ahí, en esos momentos de debilidad -me atrevería a llamarlos así-, donde florece una fuerza interior que no se sabe muy bien de dónde emana.  Y nos ponemos de pie, de nuevo. Más erguidos si cabe, y alcanzamos esas nubes que acompañan nuestros sueños.

Ese frescor que solo producen las nubes de los soñadores, es el que nos despeja. El que nos devuelve a una realidad envuelta en esas nubes de algodón, que en ocasiones se vuelven de colores. Y respiramos. Confiados en que esas nubes nos aguantarán un poco más. Porque solamente si seguimos soñando [trabajando], nuestros sueños se harán realidad.

Y casi llega agosto. Y cada día que pasa, es un día aprovechado.

Para soñar, si cabe, un poco más.

Sigamos entonces trabajando por nuestros sueños.

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