Apego materno-filial: el origen en lo biológico.

Bowlby (1957) ya postuló el Apego materno como un sistema biológico innato de supervivencia de la especia humana. Pero es realmente apasionante ver cómo los bebés vienen con herramientas que les preparan para provocar cambios a nivel neuroendocrino en sus madres, y que éstas no generen conductas desadaptativas y de negligencia en su cuidado.

De echo, estas conductas negligentes por parte de los cuidados maternos se consideran una disrupción de los procesos de comunicación entre el sistema dopaminérgico y el sistema oxitocínico, que están en comunicación para provocar los cuidados, a nivel neurobiológico, de la madre hacia su bebé. (Strathearn, 2011).

Las primeras interacciones entre la mamá y el bebé las encontramos en la interacción molecular y de intercambios celulares durante los primeros días de la gestación (Moratalla, 2009). Es ahí, en el origen de la vida donde el ser humano comienza a relacionarse con su madre gestante. Nuestra primera relación, que se irá desarrollando a lo largo de 40 semanas entre la madre y el bebé mediante otro tipo de interacciones y que marcará el desarrollo de nuestras futuras relaciones interpersonales a lo largo de nuestra vida.

Y es durante este periodo de gestación materno-infantil (porque no únicamente se gesta y crea al bebé, sino que se gesta y crea una mamá), donde la voz de la madre es uno de los medios más privilegiados con los que cuenta el ser humano para comunicarse e interrelacionarse. Porque, a parte de que el bebé perciba las vibraciones y resonancias -por medio de la estructura ósea de su madre-, también escucha su voz. Se impregna de ella de tal manera que todos nosotros tenemos un rango vocal muy parecido al de nuestras madres. Escuchamos el que será nuestro lenguaje, y podemos comunicarnos con el mundo exterior que nos espera.

Pero a un nivel mucho más neuroendocrino, cuando la madre utiliza su voz cantada con una intención comunicativa con el bebé que está gestando, segrega una serie de hormonas (entre ellas la oxitocina) que producen un placer tanto para ella como para el bebé. Éste a su vez, disfruta de esas sensaciones y las volverá a sentir -reconociéndolas incluso- cuando ya haya nacido.

Si nacemos de manera prematura, ya que pertenecemos a una de las especies altriciales, y necesitamos una gestación  larga después del nacimiento rodeados de una familia y una sociedad que nos brinde alimento, protección y cuidados emocionales, ¿Por qué entonces no seguir acunando con nuestras voces a ese bebé que dentro del útero sí disfrutaba?

mama y bebe hablando

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