Incendio Forestal en Robledo de Chavela

Desde que el lunes 27 de agosto, viviera uno de los momentos más duros de mi vida, he estado totalmente off.

Nos despertamos pronto, como todos los días, con el sol luciendo sobre nuestras caras, la brisa nos obligaba a taparnos un poco con las sábanas, pero el gallo a lo lejos cantando nos recordaba que ya era hora de levantarse. Un abrazo, una respiración profunda…

Bajamos al pueblo a desayunar y el ambiente era jovial, se acababan las fiestas, pero la Asociación de Mujeres de Robledo “Las Robledanas”, querían hacerlo especial, como cada año: con una gran chocolatada popular con bollitos. ¡¡Me encanta ese momento!! Gente en la plaza, hablando, riendo, mojando su bollito en el chocolate…a pesar de no participar (yo necesito una buena taza de café por las mañanas).

Así que en el Bar Tanfanys nos tomamos el café con las tostadas con tomate y tras comprar el periódico nos subimos a casa. A las 11 estábamos comentando las últimas noticias de los niños de Córdoba hasta que cada uno se pone a hacer cosas. De repente A. viene alterado al salón y me dice “Carla, que el monte está ardiendo”. Subimos a la planta de arriba corriendo y allí estaban:  4 focos perfectamente diferenciados en distancia del monte ardiendo. No nos lo podíamos creer. Dimos el aviso al 112 y nerviosos cogimos los prismáticos. Desoladora la imagen. En seguida los helicópteros estaban echando agua, bomberos, guardia civil….  

Los siguientes momentos fueron de incertidumbre, de rabia, de llanto por ver cómo se quemaba nuestra vida, nuestros montes… empapar desesperadamente sobre todo nuestros árboles, nuestra parcela, la zona de monte que linda con nosotros y la casa. Recoger rápidamente las cosas más importantes y meterlas en el coche por si nos desalojaban (pensando que yo era una exagerada y tendría que volver a meterlo en seguida) y ver como pasando las horas, mis previsiones habían servido para poder tener el violocello, los ordenadores, los libros, ropa y el perro en el coche en el momento de que la Guardia Civil nos decía que dejáramos las puertas de la parcela abiertas de par en par y nos fuéramos que las llamas estaban encima.

Llorar desconsoladamente viendo como se acercaba el fuego, y no creernos nada de lo que estaba ocurriendo. Me parecía estar en una película. En una muy mala película, pero que en cualquier momento abriría los ojos y sería un mal sueño. Pero ese momento no llegaba. No llegaba. Y lo que sí se acercaban eran las llamas.

Yo solo remojaba y remojaba los árboles, la parcela, la casa… mientras no podía parar de llorar de la desesperación de ver cómo se acercaban, de escuchar a la Guardia Civil diciendo por megafonía que teníamos que salir, que desalojáramos las casa.  Y así fue, a las 14:30 de la tarde las llamas estaban a 20 metros de nuestra casa. Así que dejamos las puertas abiertas de la parcela para que los bomberos, si lo necesitaban, pudieran pasar y nos subimos al coche mirando hacia atrás.  Los vecinos lloraban incrédulos. La policía nos obligaba a subir más y más, hasta que ya no pudimos quedarnos allí.

Las siguientes horas, muchas, fueron de incertidumbre, de espera en el pueblo, viendo como la urbanización estaba envuelta en llamas y humo.

Hacia las 22.30 horas intentamos acercarnos sin éxito, ya que la policía prohibía el paso, así que fuimos por un camino cercano -por donde estaban accediendo otros vecinos- y entramos a nuestra casa. Tan solo queríamos cerrar las puertas antes de nuestra vuelta a Madrid. El olor era impresionante. Y el paisaje, aunque nocturno, se intuía demoledor.

Este fue el paisaje que nos encontramos al volver. El lugar por donde he paseado tantas y tantas veces, calcinado. Las parcelas, quemadas en gran parte. El olor… qué olor. No se me borra.

Y con Pichí recorrí el que a partir de ahora será lo que veamos, pisemos cuando queramos  disfrutar de un paseo juntas. Qué tristeza. Qué desolación. Qué horror. Todo el monte. Todas las encinas, enebros, pinos, jaras… negras, muertas.

Nosotros tuvimos mucho más que suerte con nuestra casa y nuestra parcelita gracias a Alfredo, que todos los años limpia más o menos unos cinco metros desde nuestra parcela hasta el camino (donde veis a Pichí). Este año, nuestro vecino J, hizo lo mismo. Eso y la gran actuación de los bomberos de la comunidad de Madrid (que entraron con un retén a nuestras parcelas para apagar el fuego) e hidroaviones y helicópteros, funcionaron de cortafuegos.

(Aquí se aprecia  el cortafuegos)

Una experiencia horrible, realmente horrible, que nunca pensé vivir. Que cuando la ves en la televisión piensas “pobre gente”, y de repente te ves tú ahí metido. Ahora queda otra parte: el después.

La gente se está movilizando para comenzar a limpiar, hay propuestas de reforestación, de actividad ciudadana…a ver en qué queda todo. Yo quiero ser parte activa en este proceso, y por lo pronto, ya hemos empezado a refrescar la zona, y pensar en qué árbol vamos a plantar primero.

2 pensamientos en “Incendio Forestal en Robledo de Chavela

  1. Carla reitero lo dicho anteriormente el gran espiritu de fortaleza y humanidad que tienes lo dejas plasmado en esta experiencia de vida y como logras salir avante,enhorabuena.

    • Manuel.

      Creo que ha sido una de las experiencias más desagradables y traumáticas que me han tocado vivir (me pasé 4 noches soñando con fuegos, casas quemadas, etc.) Pero quizás lo duro haya sido la vuelta: es desolador. El pasear pisando ceniza por donde antes había hierba, maleza, enebros, pinos, jaras…

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