Algún día….

Tras un café que me sabe a gloria, y unas tostadas con tomate y queso fresco, me lavo los dientes. Ordenador colgado en un hombro, bolso en el otro, y los libros y las llaves del coche en la mano. Bajo al garaje,  me subo en el coche y enciendo la radio.  Son las 7’15 cuando ya estoy en la A6. Es viernes, es temprano y el ser humano es impredecible a final de semana. Un autobús intenta pasar al carril izquierdo, nadie le deja. Pongo el intermitente y me hago con el carril, le doy las largas y me lo agradece con un golpe de intermitente izquierdo y derecho.

Sonrío.

Sigo mi camino. Alberto Aguilera a esas horas y en un día como hoy, es como para tenerle miedo, para qué mentir. Una chica con cara rara (lo sé porque la miro por el retrovisor) se queda aun centímetro de darme cuando freno.  Aún me grita dentro de su coche.  No pasa nada, llegará tarde -pienso.

Sonrío.

 

Y de repente me viene a la cabeza Myriam Chiozza. Su sonrisa, nuestras conversaciones. Tienes razón -digo en voz alta sin darme cuenta.

Sonrío.

El otro día me hizo un regalo. Del que no creo poder desprenderme nunca, y menos cuando voy en el coche, y sonrío.  En esta mañana de viernes, antes de comenzar 3 intensas horas de clase en la Universidad, la escucho, la siento… y creo que Algún día….

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