La musicoterapia no es una panacea

Según la Federación Mundial de Musicoterapia:

La musicoterapia es la utilización de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía y armonía) por un musicoterapeuta cualificado, con un paciente o grupo, en el proceso diseñado para facilitar y promover la comunicación, relación, aprendizaje, movilización, expresión, organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de lograr cambios y satisfacer necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas.

 

 

Está claro, por tanto, que este organismo -de la máxima solvencia- no hace referencia a las palabras “curación” cuando se refiere a la musicoterapia. Por eso sorprende que algunas personas afirmen alegremente lo contrario.


¿Qué puede llevar a alguien a vender a la sociedad la idea de que la Musicoterapia cura y, por consiguiente, puede ser la panacea universal?   Cada uno pude dar la respuesta que quiera; pero da la sensación de que defender tal posicionamiento solo sirve para crear confusión. Y a río revuelto…

La Musicoterapia necesita en nuestro país más rigor, más seriedad, más interés, más compromiso y, sobre todo, más profesionalidad. Porque uno de los problemas en la actualidad es el intrusismo de personas o entidades que se autodenominan musicoterapeutas y que no tienen ni la formación ni la capacitación adecuadas. Por consiguiente, no embarullemos más las cosas y no engañemos a nadie.  

 Son muchísimos los beneficios que puede aportar la Musicoterapia y los logros y la mejoría que se consigue con un tratamiento adecuado. Pero nunca vendamos humo, ni tampoco mentiras. No nos aprovechemos del paciente, que están en una clara situación de vulnerabilidad y que acuden a la Musicoterapia con esperanza e ilusión. Seamos sinceros y honestos, pues solo de este modo los pacientes y sus familiares podrán conseguir cosas importantes.

Mientras se aclaran las cosas, por fortuna, algunos profesionales (músicos y musicoterapeutas) investigan, trabajan, creens en la disciplina que aman (desde el respeto máximo a la persona/paciente que tienen delante), hacen comunicaciones, siguen en continuo proceso de reciclado, hacen supervisión real de ellos como musicoterapeutas y de los casos que llevan… En resumen, queremos que nuestra disciplina gane la  credebilidad y el respeto que se merece y que se integre como una terapia complementaria más.

Ya lo dije en alguna ocasión anterior:

La música no hace daño; pero una persona que la utiliza como terapia sin capacitación,
sí que puede hacerlo.

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